Miércoles, 16 de mayo de 2012

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Las motocicletas y el cuento del “estado de Derecho”

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Las motocicletas y el cuento del “estado de Derecho”

miércoles 12 de octubre de 2011

Blogger: Héctor Zagal

Respetemos los derechos de los demás como nos gustaría que respetasen los nuestros. Además, como decía mi abuelita, “el respeto al derecho ajeno es la preservación de los dientes.

El domingo pasado me encontré con un grupo de motociclistas mientras manejaba por el segundo piso del periférico del la Ciudad de México. Nada tenían que hacer ahí; el reglamento de tránsito es muy claro, ni motocicletas ni vehículos de carga deben usar las vías rápidas, ¿Se acuerdan del camión de basura que  cayó desde el segundo piso y aplastó un auto particular? El conductor del auto era alumno de medicina en la universidad donde doy clases. El imbécil chofer dejo parapléjico a un joven. Cómplices del accidente fueron los policías que no aplicaron el reglamento.  

Señores de las motos, mientras el reglamento no cambie, ¡ustedes no deben circular ahí! La autoridad debe sancionarlos, si lo hacen.

Los jinetes motorizados no solo rompieron impunemente el reglamento de tránsito. También conducían de la mala manera, se metían entre los autos, rebasaban de la manera incorrecta y eran groseros. Estuvieron a poco de provocar una carambola de autos con su impertinencia.  Eran una pandilla que tomaron por asalto los todos los carriles. ¿Todos los motociclistas son así? Desconozco si el INEGI tiene datos duros. Pero con quienes yo me topo en el DF, sí que se comportan como patanes.

Un amigo me contó que el viernes pasado, cuando manejaba por circuito interior, un motociclista que iba en medio de los carriles le pateó el cofre. Luego se siguió, mientras mi colega se quedaba atorado en el tráfico sin poder hacer nada. Y ayer, mientras mi hermano bajaba de un taxi, un motociclista estuvo a punto de arrollarlo, pues quiso colarse por el estrecho espacio que había entre la acera y el automóvil.

Y mejor ni hablar de los repartidores de pizzas, tacos, tortas y hamburguesas. ¿No se supone que no se les penaliza si llegan tarde? Cualquier conductor chilango puede contar historias siniestras del modo como esos tipos desafían las leyes de tránsito y las leyes de la física, especialmente aquella que reza que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio.

Hace unos meses en un programa de radio, un personaje indignado invitaba a arrollar a los usuarios de bicicleta. El repudio fue contundente. La sociedad lo calificó de intolerante y, de paso, de idiota.  Para nada defiendo su postura. Tal propuesta es reprobable y criminal. Sin embargo, así como criticamos la desafortunada declaración, también debemos denunciar las infracciones, imprudencias, descortesías y delitos que cometen muchos motociclistas.

¿Así quieren cambiar el reglamento de tránsito? Que primero muestren su respeto. Las motos no deben ir deslizándose entre carriles. Aprendan a respetar las reglas vigentes. Y mientras éstas rijan, aténgase a ellas. Existen mecanismos legales para cambiar las normas. Utilícenlos.

A los mexicanos nos encanta exigir nuestros derechos, pero poco nos importa respetar los derechos de los demás. Ahí tienen a los de la Luz y Fuerza del Centro. Han pasado dos años desde el decreto de extinción y exigen sus derechos en mítines y plantones, desgraciándonos la vida a los chilangos. ¿Respetaron ellos los derechos de los ciudadanos cuando maltrataban a los usuarios? No justifico la extinción de LyF. Simplemente les hago notar que si los trabadores se hubiesen ganado la simpatía de la población con su trabajo eficiente y cortés, “otro gallo les cantaría” en este tiempo de desgracia.

Pero regreso a los motociclistas del domingo. Desafiaron a la autoridad, porque saben que la autoridad sólo castiga a los débiles. Lo que nos faltaba en chilangolandia: los motociclistas se suman a la larga lista de grupos de poder y de presión que violenta la ley impunemente. Al paso que vamos, voy a comprarme mi motocicleta para ingresar al grupo de los conductores privilegiados en el apocalíptico Distrito Federal.

 

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