Blog de Héctor Zagal
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¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA “DISTRITO FEDERAL”?
jueves 19 de agosto de 2010
Blogger: Héctor Zagal
¿Nos acordamos del plantón de López Obrador en el Paseo de la Reforma? ¿Se acuerdan de que por poco y nos quedamos sin desfile del 16 de septiembre? El zócalo estaba ocupado por la gente de Andrés Manuel con la bendición de la autoridad local. ¿Qué hizo el gobierno del DF para evitar que un partido le hiciera la vida de cuadritos al presidente?
En las repúblicas federales los estados gozan de un alto grado de autonomía. Se habla, incluso, de “estados libres y soberanos”. Este es el caso de nuestro país, donde como hemos visto, los gobernadores tienen un gran poder sobre sus territorios.
El problema es que la autoridad federal, es decir la que gobierna a todo el país, requiere de un espacio físico donde asentarse. Dicho en términos simples, el Palacio Nacional, el Congreso de la Unión y la Suprema Corte de Justicia deben situarse en alguna parte del territorio nacional.
Para evitar que un gobierno estatal pudiera controlar a la autoridad federal se inventaron los “distritos federales”. Estos distritos dependen directamente del Ejecutivo Federal. Esta independencia territorial fue una manera de garantizar que el Presidente, los Ministros de la Corte, y los Senadores y Diputados federales no quedaran a merced de un gobierno estatal.
Imaginemos, por un momento, que Marcelo Ebrard le corta el agua y la luz a Los Pinos, o que decide construir un segundo piso, un mercado y un rastro enfrente. Imaginemos otro escenario. ¿Qué sucede si un grupo de manifestantes bloquean las entradas a Los Pinos? ¿Quién manda a la policía del DF? ¿El presidente o el jefe de gobierno?
Para evitar la proliferación de este tipo de conflictos, las federaciones cuentan con un distrito cuyo gobierno depende directamente del Ejecutivo Federal. Este fue el caso de México durante muchos años. El presidente de la república nombraba al “regente”, quien gobernaba la capital en nombre del presidente.
El problema fue que la ciudad de México creció monstruosamente. El esquema anterior le negaba a millones de ciudadanos sin derecho a elegir a su “presidente municipal”. La solución fue un sistema híbrido, que es el que paceremos los chilangos. El Distrito Federal ni es un estado como los demás ni es, propiamente hablando, un distrito federal.
Buena parte de los enfrentamiento entre el gobierno del DF y el Presidente de la República tienen su origen este revoltijo político que es la ciudad de México. No me parece mal, por ello, normalizar el estatuto del “DF”. Pero esta normalización implica, también, garantizar al gobierno federal un territorio mínimo e independiente, que no esté bajo el mando de un gobierno estatal.
El creciente poder de los gobernadores puede convertirse en una amenaza real para las autoridades federales. Por ello, los legisladores deben buscar una solución adecuada. Yo aventuro una: formar el estado del Valle de México, pero desprender de él un pequeña porción de territorio, restituyéndole su verdadero estatuto federal. Lo ideal sería, por supuesto, que este “cahchito de tierra” parte fuese el centro histórico. No me hago ilusiones, ni el PRD se resignará a perder el zócalo, ni el PAN querrá quedarse con todos los problemas de esa zona.
Entonces, ¿qué hacer? ¿Por qué no convertir algunas partes de la delegación Miguel Hidalgo en un verdadero distrito federal, dejándole el resto de la ciudad al nuevo estado?
Me temo, sin embargo, que no se llegará a ningún acuerdo. Como siempre, los ciudadanos de a pie, seguiremos padeciendo los conflictos entre nuestros gobernantes.








