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El negocio de la salud

miércoles 24 de marzo de 2010

Blogger: Héctor Zagal

La narcoviolencia en México nos impidió poner la atención suficiente en la reforma al sistema de alud en Estados Unidos del domingo pasado.

Finalmente, tras muchos jaloneos, Obama le arrancó a su Senado algunas concesiones. En aquél país no existe, propiamente hablando, un sistema de seguridad social. La gente debe pagar seguros privados para recibir atención médica.

El resultado: ¡treinta millones de norteamericanos carecen de los servicios elementales de salud! La única rendija por donde los pobres logran colarse en un hospital son las salas de urgencias.

En ellas no se puede rechazar a un paciente. Este dato explicar la pintoresca dinámica de programas de televisión como ER. Los médicos de urgencias reciben de todo, desde catarros hasta enfermos terminales de cáncer, pues ahí acuden quienes no tienen para pagar una consulta.


En Estados Unidos la salud es un lujo. La reforma de Obama es muy modesta. El gobierno federal ayudará a los pobres para que consigan seguros médicos privados. Los ganadores son, sobre todo, las empresas.


¿Qué tengo en contra de la aseguradoras? Cualquier negociante, desde el tendero de la esquina hasta el próspero empresario, sabe que el corazón de un negocio consiste en comprar barato y revender caro. El objetivo de una empresa privada es ganar.. Las aseguradoras siguen esta lógica.

No son hermanas de la caridad. Ganan cuando cobran y pierden cuando pagan.


Hace algunos años, mi padre ingresó al hospital con una fiebre altísima. Durante una semana los médicos investigaron infructuosamente el origen de la enfermedad: cáncer, tifoidea, malaria…

No había diagnóstico. El seguro médico se negaba a pagar esgrimiendo la ausencia de diagnóstico.

De nada sirvió que arguyéramos que el problema era, precisamente, que desconocíamos la causa de la fiebre. No contaré el final de la historia, pero me enfadé mucho con la compañía.


¿Por qué se comportaba de esta manera la aseguradora? Porque para ellos somos un costo. ¿Y que se hace con los costos? Reducirlos.

Abatirlos ¿No? La reducción de los costos suele redundar en ganancias. ¿Podemos culpar a las aseguradoras de negociar con la salud?
En contraposición, la seguridad social lleva el apellido: “social”.

Con este adjetivo se advierte que no es un negocio y que, por ende, los enfermos no son clientes, sino pacientes. En el fondo, de lo que estamos hablando es de un derecho humano. La salud es un derecho de la persona, no una mercancía sujeta a las leyes de la oferta y la demanda.

En consecuencia, así como el Estado está obligado a garantizar que nadie nos meta un balazo en la calle, independientemente de si seamos pobres o ricos, el Estado también está obligado a garantizar que todos tengamos acceso a servicios médicos de salud.

El modelo de Estados Unidos no debe desbancar nuestro modelo de seguridad social. No nos hagamos ilusiones, Dr. House sólo atiende a los ricos.

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