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  • Fecha: 07 Jul 2013
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  • Fuente: Agencias

Estudian en la UNAM efectos indeseables de las estatinas

De ahí que Juan Cuauhtémoc Díaz Zagoya, del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, haya iniciado el proyecto de investigación “Estatinas, colesterol y mortalidad”, en el que se han probado cuatro sustancias del grupo (actualmente se examina la quinta y se tiene en mente una más en la próxima sesión del verano de investigación).

Desde hace casi 20 años, en la clínica médica se utiliza un grupo de sustancias conocidas como estatinas, para disminuir la concentración de colesterol en la sangre y los tejidos; sin embargo, pueden ocasionar ciertos problemas de salud a quienes las consumen.

De ahí que Juan Cuauhtémoc Díaz Zagoya, del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, haya iniciado el proyecto de investigación “Estatinas, colesterol y mortalidad”, en el que se han probado cuatro sustancias del grupo (actualmente se examina la quinta y se tiene en mente una más en la próxima sesión del verano de investigación).

“Las estatinas son la primera opción para controlar los niveles elevados de colesterol que aparecen como consecuencia de una dieta rica en grasas, o un descontrol en la producción interna”, dijo.

El lípido referido se forma, en su mayor parte, en el hígado, y en menor medida, en el intestino delgado, la piel, la corteza adrenal y las gónadas. Entonces, las sustancias se acumulan en el primer órgano y ahí producen su efecto: bloquean la enzima que da origen al mevalonato –molécula que hace las veces de intermediaria en la síntesis del colesterol y de otros compuestos–, con lo que se impide la formación excesiva de aquél.

Pero las estatinas generan lo que se llama efectos pleiotrópicos, es decir, aquellos que son adicionales, unos favorables, otros no, a los esperados: la disminución de la concentración de colesterol en la sangre y los tejidos. Dentro de los primeros está, por ejemplo, la protección de las arterias, y entre los dañinos, el impacto en algunas estructuras, como las mitocondrias.

“El peligro es que lleguen a bloquear la formación de esos otros compuestos, importantes desde el punto de vista biológico, como la coenzima Q10, o ubiquinona, que juega un papel esencial en la cadena respiratoria mitocondrial; si es bloqueada su formación, se produce un trastorno serio en la estructura y función, que puede llegar a ser incompatible con la vida”, añadió.

Aunque son la primera opción para controlar los niveles elevados de colesterol, si se administran en exceso o si se acumulan (algunas son liposolubles, es decir, se solubilizan en grasas), pueden ser tóxicas, reiteró.

De manera experimental, Díaz Zagoya y sus colaboradores han visto que al suministrarse a ratones de laboratorio (más sensibles a dichas sustancias) dosis altas –mayores que las que se emplean en la clínica– y una dieta rica en colesterol, se registra mortalidad en tiempos cortos.

“Pensamos que es consecuencia del efecto de las estatinas en las mitocondrias, que son las que nos permiten respirar a nivel celular. En dosis altas, y con niveles elevados de colesterol, producen efectos indeseables”, abundó.

En el caso de los seres humanos se emplean cantidades máximas, del orden de 60 miligramos para un sujeto adulto con un peso de entre 60 y 70 kilogramos (aproximadamente un miligramo por kilogramo de peso). Los universitarios utilizan dosis más altas: desde 35 miligramos por kilogramo de peso, hacia arriba.

“Lo que queremos es ver en un lapso reducido los efectos que se verían con una acumulación progresiva de estatinas en tiempos largos. Hay que considerar que éstas se emplean en forma crónica, prácticamente toda la vida, para que el sujeto sea favorecido y no tenga problemas cardiovasculares o cerebrovasculares”.

Los resultados de este proyecto se traducirán en información para el médico clínico, que sabrá comparativamente cuáles son las más tóxicas o que tienen efectos indeseables mayores, y cuáles registran menores consecuencias desfavorables.

“Él tomará la decisión. El paciente también podrá recibir esta información, aunque la entenderá menos que el médico, pero a final de cuentas, es quien se beneficiará o no”.

Con Díaz Zagoya colaboran Rodrigo Miranda, químico de la FM; Andrés Castell, del Departamento de Biología Celular de la misma facultad, e Isela Juárez y Jorge Blé, de la División Académica de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tabasco.

“También nos apoya Lourdes Palma, ingeniera bioquímica del Instituto de Neurobiología, campus Juriquilla de la UNAM, que realiza los estudios a nivel de microscopía electrónica, que nos permiten ver las mitocondrias y su estructura después de que los animales de laboratorio han recibido dosis distintas de estatinas, así como saber cómo están desde el punto de vista funcional”, concluyó.

 


 


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